En el marco de la última fecha del año pasado del ciclo "Charlas que nos Unen", Carlos Mainoldi reflexionó sobre su paso por la institución, la importancia del compromiso de los padres y el legado de una disciplina que hoy vive un presente dorado.
Algunas frases destacadas:
* "El club es indispensable; los valores se forjan ahí dentro, tus amigos salen del club."
* "Fue una aventura no solo deportiva, sino humana. Había que organizar la disciplina para que no desapareciera."
* "Hoy veo a Juventud compitiendo y saliendo campeón, y me pone muy contento saber que ese inicio tuvo sus frutos."
Carlos Mainoldi llegó a Cañada Rosquín en 2017 sin saber muy bien con qué se encontraría. Lo que comenzó como un favor personal y un desafío incierto, terminó convirtiéndose en una travesía de cinco años que cambió la historia reciente del básquet en el Juventud Unida Rosquín Club (JURC).
Los inicios: Construir sobre la nada
"Llegué en 2017 por una llamada de amistad. Terminamos encontrándonos en una estación de servicio con dos papás, Leo Dallari y Diego Cugno, porque el profe anterior había tenido que dejar", recuerda Mainoldi. En aquel entonces, el panorama era desolador: pocos chicos, escaso material deportivo y la ausencia de una estructura competitiva sólida.
"La disciplina casi tenía que arrancar de cero. No teníamos primera, jugábamos categorías mezcladas porque si no el club tenía que desaparecer", confiesa el entrenador. Su labor, sin embargo, trascendió lo táctico: su principal misión fue convencer a las familias de que el proyecto era posible.
El rol fundamental de la familia
Para Mainoldi, el éxito actual de Juventud no es obra de un técnico, sino de la comunidad. "Yo les decía a los padres en las primeras reuniones: 'Ustedes son los que van a llevar adelante esto'. Los entrenadores pasamos, pero la base de padres es la que hace que la disciplina no muera".
Este enfoque dio sus frutos. A pesar de la distancia —viajaba tres o cuatro veces por semana desde Cañada de Gómez— y de los sacrificios personales, el entrenador destaca que el apoyo constante de la subcomisión fue el motor que permitió profesionalizar el área.
La pandemia: El desafío de la distancia
Uno de los momentos más duros de su gestión fue el año 2020. "Fue horrible, durísimo. No teníamos información y los chicos estaban asustados", relata sobre los entrenamientos vía Zoom o las actividades en balcones y patios.
Al regresar a la presencialidad, el desafío fue doble: mantener el entusiasmo con grupos reducidos, sin contacto físico y bajo estrictos protocolos. "Hacíamos turnos de media hora, sin contacto, era una locura comparado con lo que es el básquet, pero la voluntad de los chicos por volver al club fue lo que nos salvó".
Un presente sin techo
Hoy, Carlos mira desde afuera con orgullo cómo aquel semillero que ayudó a plantar empieza a dar frutos. Juventud Unida ya no solo participa, sino que compite y gana torneos en formativas, y cuenta con un equipo de Primera consolidado.
"Hace 8 años era imposible pensar en ganar un torneo o tener un técnico de la calidad de Brito. Hoy Cañada es un ejemplo", afirma Mainoldi con convicción. Al ser consultado sobre el futuro, su mensaje es claro: "No le veo techo a este club. El único consejo es que no pierdan ese núcleo de padres y que sigan sumando chicos abajo. Ese es el camino que no se va a cortar nunca".